El magnesio activa enzimas conocidas como ATPasas, que a su vez son necesarias para generar ATP (trifosfato de adenosina). Cuando se descompone el ATP, se libera energía para la contracción muscular. Cuando la intensidad es alta o los entrenamientos son largos y arduos, es necesario sintetizar ATP rápidamente. Una deficiencia de magnesio puede ralentizar o limitar la producción de energía, lo que no es una buena noticia para un atleta que trabaja duro. Como resultado, la fatiga, el letargo, la reducción de la potencia y las contracciones musculares o incluso los calambres pueden obstaculizar el progreso atlético. Además de utilizarse en la producción de energía, el magnesio también puede ayudar al rendimiento al reducir la acumulación de ácido láctico y la percepción de fatiga durante el ejercicio extenuante gracias a su acción sobre el sistema nervioso.
Dado que el magnesio se almacena predominantemente en los huesos (y que cantidades suficientes son fundamentales para la salud ósea en general), las deficiencias crónicas pueden tener implicaciones para la densidad mineral ósea a largo plazo. Los atletas deben ser conscientes de este vínculo, ya que este tipo de deficiencias coinciden con otras deficiencias de nutrientes y energía que pueden deberse simplemente a no comer suficiente cantidad o calidad para satisfacer sus necesidades de entrenamiento.